Democracia Parlamentaria

ante la autocracia, el Parlamento

Democracia Parlamentaria. Henrique Meier 2006

 

 Henrique Meier. La Gobernabilidad en la Hora de los Derechos  Humanos. UNIMET. Caracas, 2006 pp. 75-116.  Acerca de la democracia parlamentaria.

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       3. Gobernabilidad y regímenes políticos.

 No es objeto de esta obra abordar el complejo tema del concepto y  la tipología de los regímenes políticos[1]. Sin embargo, consideramos pertinente, en aras de una mejor comprensión de la relación entre  gobernabilidad y regímenes políticos, referirnos, así sea de manera escueta, y antes de abordar la clasificación de los regímenes políticos en el mundo de nuestros días, a las nociones de formas de Estado, formas de gobierno y regímenes políticos. Se justifica ese breve examen conceptual en la intrincada articulación de esas categorías conceptuales de la ciencia política  y el Derecho Constitucional.

 Las formas de Estado: Estado Unitario y Estado descentralizado.

  En la Teoría Clásica del Derecho Constitucional, o Derecho Político, se entiende por formas de Estado la clasificación de las organizaciones estatales atendiendo a la titularidad del poder público.

 Cuando dicho poder se halla concentrado en un centro institucional o personal  único (caudillismo) estamos en presencia de un Estado unitario, un Estado donde el poder está centralizado. Ejemplo: las monarquías absolutistas europeas de los siglos XIII al XVII, las dictaduras personalistas y los Estados totalitarios del siglo XX y comienzos de este milenio. Esa instancia no es otra que el poder nacional o central. Es inocuo que la Constitución política declare “formalmente” al Estado como descentralizado, si en la práctica, y por obra de mecanismos extra constitucionales, el poder real es detentado por esa instancia única (Caso Venezuela). Por su parte, en las formas o modalidades descentralizadas de Estado el poder público se reparte o distribuye entre una instancia  nacional y diversas y plurales instancias regionales y locales. Se fundamenta este tipo de organización estatal en el reconocimiento de  autonomía relativa a determinadas colectividades político-territoriales (estados de la unión,  comunidades autónomas, provincias, regiones, municipalidades) que, en consecuencia, y dentro de los límites establecidos en el pacto federativo expresado en la Constitución política, disponen de poder para autogobernarse, escogiendo a sus autoridades regionales y locales (democracia local), legislando en las materias que conforman sus competencias propias, generando y administrando sus propios recursos fiscales y financieros, etc.

  Los Estados descentralizados varían de acuerdo con el grado y la intensidad de la autonomía de las entidades descentralizadas. El modelo extremo es el Estado Federal en su sentido estricto (USA, España, la Confederación Helvética).

 Las formas de Gobierno: Gobierno de  Asamblea, Gobierno Presidencialista, Gobierno Parlamentario y formas mixtas

 Por formas de Gobierno conciben los teóricos del Derecho y la Ciencia Política el modo como se  organiza la titularidad y el ejercicio del poder gubernamental dentro de la estructura del Estado, lo que comprende la esfera de las relaciones entre el poder ejecutivo y el legislativo, y en particular las modalidades de elección de los dos organismos, su título de legitimidad y el balance de sus prerrogativas.

  Tradicionalmente se clasifican a los gobiernos en Régimen de Asamblea o Gobierno de Asamblea, en los casos en los que el poder gubernamental o ejecutivo y el legislativo se  concentran en  un órgano colegiado o asamblea de representantes del pueblo (ejemplo, la Revolución francesa de 1789 y la Asamblea Constituyente)[2]

  Régimen Presidencialista o Gobierno Presidencialista, cuando la jefatura del Estado y del gobierno se unifican en un órgano unipersonal: el Presidente de la República (todos los regímenes de gobierno del Hemisferio Americano)[3].

 Y Régimen Parlamentario o Gobierno Parlamentario[4], esquema institucional en el que se separan la titularidad  de la jefatura del Estado (un monarca en las monarquías constitucionales modernas o un Presidente en las repúblicas) y la titularidad de la jefatura del gobierno (Primer Ministro o Presidente del Gobierno). El Jefe del Estado carece de poderes reales, simboliza a la unidad de la Nación y la representa internacionalmente.

 El poder gubernamental lo detenta el Jefe del Gobierno, y su designación por parte del Jefe del Estado depende de la mayoría parlamentaria. Para que funcione el sistema político el Jefe del Gobierno ha de ser necesariamente el diputado líder del partido o de la coalición de partidos que controle la mayoría del parlamento. El parlamento puede cambiar al gobierno con un voto de censura aprobado por la mayoría contra el jefe del ejecutivo (la mayoría de los países europeos). Se habla, asimismo, de regímenes semiparlamentarios o semipresidencialistas (Francia, por ejemplo)[5].

 Regímenes Políticos: Regímenes Autoritarios y Regímenes Democráticos

 El concepto de Régimen Político, según la teoría en la materia[6], implica un juicio de valor sobre el funcionamiento del sistema político como un todo. Prescinde de consideraciones formales, de las apariencias constitucionales y legales, tiene que ver con la realidad política, el balance entre dos valores políticos que históricamente siempre han estado en tensión: la autoridad y la libertad.

  Al respecto, y a grosso modo, los regímenes políticos se clasifican en Sistemas Autoritarios y Sistemas Democráticos. Los primeros, no obstante el autoritarismo admita distintos grados y modalidades, tienen en común la preponderancia de la “autoridad” sobre la “libertad”, es decir, prevalecen los intereses del poder sobre los derechos y libertades ciudadanos[7].

  Los segundos, a pesar de que la libertad también admita diferentes grados y modalidades, se distinguen por la preponderancia de los derechos y libertades ciudadanos sobre la “la tendencia implacable de dominación” que caracteriza al poder[8]; es más, el origen del poder mismo se fundamenta en la libertad-participación de los ciudadanos, o la elección de las autoridades que conforman la estructura de autoridad del Estado por parte de los ciudadanos en ejercicio de un derecho humano de naturaleza política o cívica: el sufragio.

 Además de legitimarse el origen del poder en la voluntad de los ciudadanos expresada mediante el sufragio, en estos tiempos la ética democrática universal postula lo que podríamos denominar como la “legitimidad axiológica” o el complemento de la democracia formal, política, con la “democracia sustancial”. Y un régimen político es democrático en su sustancia cuando se respetan y garantizan los derechos humanos en general y no sólo los derechos vinculados a la libertad-participación.

 Es por esa razón que Peter H. Smith, catedrático de ciencia política de la Universidad de California en San Diego, se refiere a los grados de la democracia:

  “Un supuesto comúnmente aceptado es que las elecciones libres e imparciales van acompañadas del respeto por los derechos y libertades de los ciudadanos. No siempre es éste el caso. Por la razón que sea, el pueblo puede elegir voluntariamente a tiranos, puede ser engañado para que elija a tiranos, o puede tolerar comportamiento tiránico por parte de los gobernantes electos. En cualquiera de estos casos, el resultado sería lo que se ha dado a conocer como “democracia iliberal”. Un régimen que combina elecciones libres e imparciales con la limitación sistemática de las libertades y derechos”[9].

 Es necesario acotar que un régimen democrático en su origen puede devenir paulatina o abruptamente en autoritario (El régimen de Fujimori en el Perú de los años noventa), o que, sin perder totalmente su naturaleza democrática, tienda al autoritarismo por el empleo de métodos contrarios a los principios democráticos (el régimen de Chávez Frías en la Venezuela de comienzos de milenio). También puede suceder lo contrario, que un régimen autoritario en sus inicios se flexibilice progresivamente y admita espacios de libertad, como por ejemplo una convocatoria a elecciones (El régimen de Pinochet en Chile al final de la década  de los ochenta).

 El tema es harto complejo. Peter Smith, autor antes citado, tiene su propia clasificación de los regímenes políticos:

 “Los regímenes políticos que combinan elecciones libres e imparciales con una extensa protección de las libertades civiles se clasifican como democracias completas o liberales. En otras palabras satisfacen los requerimientos de la democracia plena que formulara Robert Dahl y otros. En cambio, los regímenes autoritarios no tienen elecciones significativas. Autocracias de línea dura o dictaduras (como los regímenes burocrático-autoritarios de América del Sur) imponen una represión incesante hasta el punto que las libertades civiles son mínimas; las dictaduras tradicionales, a veces conocidas como dictablandas, permiten el disfrute parcial de libertades civiles, pero sólo dentro de límites preestablecidos. Como cuestión de definición conceptual y observación empírica, las autocracias no promueven amplias libertades civiles; si lo hicieran, no serían  realmente autocracias. Las semi-democracias pueden coexistir con una gama medianamente amplia de libertades civiles, y en parte por esta razón, tienden a tener corta vida. Por lo que nos atañe, la categoría más importante es “democracia iliberal”, que combina elecciones libres e imparciales con restricciones parciales, pero sistemáticas de las libertades civiles (los regímenes que combinan elecciones democráticas con libertades civiles mínimas también se clasifican en democracias iliberales, aunque tienden a ser muy pocos en la práctica)”.[10] 

 La democracia es incompatible con un Estado centralizado

 Al relacionar los conceptos de formas de Estado, formas de gobierno y regímenes políticos, podemos establecer las compatibilidades e incompatibilidades entre esas formas institucionales de organización de la estructura y dinámica del poder político.

 Es así como la democracia sustancial, no la formal[11], es incompatible con un Estado centralizado, de plena concentración del poder en una instancia única, ya que esa concentración es evidente demostración de autoritarismo; por tanto, la democracia sustancial sólo puede funcionar en el contexto institucional de un Estado más o menos descentralizado donde, igualmente, opere el principio de separación de poderes; que las diversas funciones del poder estatal: normativa, gubernamental-administrativa y jurisdiccional correspondan a órganos separados dotados de autonomía.

 Rasgo del autoritarismo  no es sólo la unificación de la titularidad del poder estatal en el denominado poder público nacional, sino, asimismo, la concentración real (con prescindencia de las normas constitucionales)  de las decisiones relativas a las diversas funciones estatales (normativa, gubernamental, jurisdiccional) en un  centro personal: el Jefe  del Estado y del Gobierno, el dueño del poder.

  Todos los tipos de autoritarismo: despotismos, dictaduras, totalitarismos, etc, se caracterizan por la plenitud de poderes del dictador, trátese del Presidente de la República (Fujimori, Perón, Pérez Jiménez, Chávez Frías), del Primer Secretario General del partido único (Stalin), o como en los casos  de Hitler que unió en 1934 en su persona mediante una ley aprobada por la mayoría del pueblo alemán (plebiscito) la Jefatura del Estado (Presidente) y del Gobierno (Canciller) y de Castro que desde hace más de cuarenta años es Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, Presidente del Consejo de Estado y Presidente del Gobierno de Cuba.

 En ese sentido, pues, cualquier modalidad de régimen autoritario presupone la eliminación del principio de separación de poderes, garantía institucional que tiene por finalidad controlar la tendencia del poder gubernamental a extender su dominio sobre la totalidad de la estructura estatal en detrimento de la autonomía de los poderes legislativo y judicial, y del poder nacional, concentrado en dicha rama ejecutiva o gubernamental, en detrimento de los poderes regionales y locales.

 El primero y básico obstáculo para la instauración de un régimen hegemónico es la desconcentración y descentralización del poder estatal. No es de extrañar, entonces, el que todos los líderes autoritarios sean enemigos acérrimos de la separación de poderes y del principio federal. Tal fue lo que ocurrió con la Ley Sobre la Reestructuración del Estado  sancionada por el Régimen Nazi el 30 de enero de 1934 con el objeto de transferir al “Reich” (poder nacional o central) los derechos de autonomía de los Estados que integraban la República Federal alemana.

 A partir de esa Ley los gobiernos de los Estados quedaron supeditados al Gobierno del Reich por instrumento de la figura de los “lugartenientes del Reich” supervisados en el ejercicio de sus atribuciones por el Ministro del Interior. Asimismo, dicha Ley facultó al Gobierno del Reich para promulgar un “nuevo Derecho Constitucional” con la finalidad de darle apariencia de legitimidad a la voluntad arbitraria y demencial del dueño de Alemania: Hitler .

 “La República alemana –comentan los autores Heinz Huber y Artur Müller- no había sido hasta la fecha un Estado unitario centralizado, sino una Federación constituida por Estados que gozaban de cierta independencia política y tenían carácter regional. Donde más claramente se manifestaba el sentido de nacionalidad era en Baviera. Y había que demoler ese baluarte de una posible oposición en el sur de Alemania. Por tal motivo, Hitler asignó a uno de sus más antiguos colaboradores, el general de división Ritter Von Epp, la misión de escenificar en Baviera un golpe de Estado en toda  regla. El 9 de marzo, Von Epp ocupó con fuerzas de las SA la Jefatura de Policía de Munich y se adueñó del Gobierno en su calidad de Comisario del Reich”[12].

 La transmutación de una democracia en dictadura totalitaria: la estrategia del gobernante autoritario

  La estrategia autoritaria, cuando se trata de transmutar una democracia en sistema totalitario, ejemplo la estrategia empleada por  Hitler luego de su designación como Canciller de la República democrática del Weimar el 30 de enero de 1933, es clásica: para controlar la sociedad, con la eliminación de todas las libertades públicas y privadas, objetivo final del régimen totalitario, primero hay que conquistar por dentro al Estado[13], es decir, controlar al parlamento mediante una mayoría de diputados afectos al partido o movimiento político del líder fundamental, y al poder judicial, sustituyendo a los jueces independientes, comenzando por los magistrados del más alto tribunal o tribunal supremo, por hombres y mujeres absolutamente leales a su líder y al proceso de aniquilación de las libertades ciudadanas.


  80. De un modo sencillo, asequible, comprensible y en lenguaje coloquial, Ramón Guillermo Aveledo alude a los regímenes políticos “Régimen político es la  manera  de ser política de un pueblo. Su forma de organizarse para gobernarse. Su modo de encarar la cuestión de la lucha por el poder. Eso se expresa en ordenamientos institucionales, pero también en conductas colectivas, en una cultura social. La sociedad produce política como produce arte, cocina o lenguaje. Cada uno de ellos refleja una diversidad de influencias, tanto las autóctonas como las provenientes de fuera. Así como la hayaca venezolana tiene ingredientes que muestran los ancestros indígenas, africanos y españoles, y en el caso de estos últimos se ven claramente las huellas  árabes, la democracia venezolana será mestiza imagen de nuestra peculiar manera de ser occidentales. Pero no todo lo que se llama democracia lo es, ni los condicionamientos culturales pueden ser tan determinantes que adulteren los principios esenciales y permanentes de la democracia y ésta lo siga siendo”. Opus cit, p. 67

[2] Existe también la modalidad denominada “Gobierno Directorial”: “Esta relación de las f. de gobierno sería incompleta si no se tomara en consideración, aunque sea en síntesis la llamada f. Directorial que caracteriza al gobierno de la Confederación Helvética. Por una serie de motivos históricos (guerras entre cantones protestantes y católicos), étnicos (diferencias profundas entre grupos lingüísticos) y constitucionales ( la naturaleza constitucional del sistema), el consejo federal, surgido del poder legislativo, tiene una naturaleza colegial. No puede disolver las Cámaras, es elegido con base en la representación proporcional según la consistencia de los diversos partidos y funciona según una rotación periódica del cargo de presidente del consejo federal”. Vid, Bobbio, Norberto y Matteuci, Nicola (1987). Diccionario de la Política. Siglo Veintiuno, México, p. 169.

[3] “La f, de gobierno presidencial se caracteriza, en su estado puro, por la concentración en un único cargo de los poderes de jefe de estado y jefe de gobierno ..En dicha f. de gobierno, el presidente ocupa una posición central respecto de todas las fuerzas e instituciones políticas. En el caso estadounidense él  es, al menos nominalmente, el jefe de su partido, el jefe del gobierno o administración, y escoge personalmente a los diversos ministros o secretarios de departamento…El presidente representa a la nación en las relaciones internacionales; estipula, aunque sujeto al advice and consent del senado, los tratados internacionales; le compete el poder de declarar la guerra. Además, tiene la iniciativa de las leyes más importantes  y es fuente de decisiones. La centralidad de su función deriva del hecho de haber sido elegido por el conjunto del cuerpo electoral”. IBIDEM p 167.

[4] “La f. de gobierno parlamentario se caracteriza por el surgimiento del equipo de gobierno desde el seno del parlamento…y de su responsabilidad ante el mismo parlamento, el cual puede llegar a decretar su caída. A su vez, en los sistemas parlamentarios el gobierno tiene el poder de disolver el parlamento o pedir su disolución al jefe del estado  en el momento en que no obtenga de éste su confianza (o en algunos, casos como el Inglés, a fin de convocar nuevas elecciones en mejores circunstancias). El elemento diferencial de mayor relieve entre los diversos tipos de gobierno lo constituye la naturaleza del sistema de partidos. En efecto, en donde existen sólo dos partidos, o en el caso en que un solo partido obtenga la mayoría absoluta de los escaños, la f. de gobierno parlamentaria reviste características de solidez y estabilidad mayores que en los lugares donde el gobierno está compuesto por coaliciones de varios partidos”. IBIDEM P.165

84 “La más importante y conocida variante del gobierno presidencial la constituye el modelo del V República francesa…En primer lugar, el presidente de la República no es al mismo tiempo jefe del gobierno. Sin embargo, es de su incumbencia el nombramiento de un primer ministro que de hecho depende de él, como de él  dependen los demás ministros elegidos de mutuo acuerdo”. IBIDEM, p. 18. 85 Hay que aclarar que si bien el Presidente de la República designa al Primer Ministro, esa designación necesariamente, como en los regímenes parlamentarios, debe recaer sobre el líder de la mayoría parlamentaria. Ahora bien, cuando el partido político del Presidente obtiene la mayoría en las elecciones parlamentarias, puede decirse que el Primer Ministro depende del Jefe del Estado, ya que él designará a un político de su absoluta confianza; pero, cuando ocurre lo contrario, esto es, en  el caso en  que la oposición logra controlar la mayoría parlamentaria, toda vez que el Presidente es electo por el pueblo por un periodo de siete años, y el Parlamento, la Asamblea Nacional, es renovado a mitad de dicho período, el Jefe del Estado tendrá que designar forzosamente como Primer Ministro al diputado líder de esa mayoría. Los franceses llaman a ese tipo de situación política la “cohabitación”. Por otra parte la Constitución Francesa distribuye las potestades del Poder Ejecutivo entre el Presidente y el Primer Ministro; por tanto, el Jefe del Estado dispone de poderes reales, a diferencia del Presidente italiano y alemán.

86“El régimen es el conjunto de instituciones que regulan la lucha por el poder y el ejercicio del poder y de los valores que animan la vida de esas instituciones. Los principios monárquicos, democrático, socialista, fascista, etc., definen algunos tipos de instituciones y de valores correspondientes, en los que se basa la legitimidad del régimen”. IBIDEM, p. 893

87“En la tipología de los sistemas políticos se suelen llamar autoritarios a los regímenes que privilegian el aspecto del mando y menosprecian de un modo más o menos radical el del consenso, concentrando el poder político en un hombre o en un solo órgano y restando valor a las instituciones representativas: de ahí la reducción a la mínima expresión de la oposición y de la autonomía de los subsistemas políticos y la anulación o la sustancial eliminación del contenido de los procedimientos y de las instituciones destinadas a transmitir la autoridad política desde la base  hasta lo alto…Una característica del a., común a todos los niveles es el lugar central que ocupa el principio de autoridad  y, por lo mismo, la relación entre mando apodíctico y obediencia incondicional”. Ibidem,  p. 143.

85. “Nuestro criterio para definir una democracia  puede resumirse diciendo  que es la libertad legal para formular y proponer alternativas políticas con derechos concomitantes de libertad de asociación, libertad de expresión y otras libertades básicas de la persona; competencia libre y no violenta entre líderes con una revalidación periódica de su derecho para gobernar; inclusión de todos los cargos políticos efectivos en el proceso democrático, y medidas para la participación de todos los miembros de la comunidad política, cualesquiera que fuesen sus preferencias políticas. Prácticamente esto significa libertad para crear partidos políticos y para realizar elecciones libres y honestas a intervalos regulares, sin excluir ningún cargo político electivo de la responsabilidad directa o indirecta ante el electorado…Lo que distingue a un régimen democrático no es tanto la oportunidad incondicional para expresar opiniones, sino la oportunidad legal e igual para todos de expresar todas las opiniones y la protección del Estado contra arbitrariedades, especialmente la interferencia violenta contra ese derecho. No precisa que los partidos se turnen en el poder, sino la posibilidad de que esto suceda, aun cuando esta alternación es evidencia prima facie del carácter democrático de un régimen”. Vid, Linz, Juan, Opus cit, pp. 17-18. 

[9] Smith, Peter (2004). El Surgimiento de la Democracia  Iliberal en América Latina. En Tribuna Americana. Segundo semestre 2004. N° 4. Casa de América, p 95

              [10] IBIDEM, p 96

 [11] Entendemos por democracia formal el régimen político cuya legitimidad de origen se fundamenta en la elección por el pueblo de las autoridades fundamentales del Estado: el Poder Ejecutivo y el Legislativo. Y por democracia sustancial, el régimen formalmente democrático en el que, además, se reconocen, respetan y garantizan de manera efectiva los principios cardinales del Estado de Derecho y el bloque axiológico de los diferentes derechos humanos: cívicos, políticos, sociales, económicos y ambientales. Podría hablarse de “democracia integral” o la articulación de los principios democráticos formales con los sustanciales. En ese sentido, un gobernante puede considerarse como formalmente democrático porque su legitimidad de origen provenga de la elección popular, pero ilegítimo desde la óptica axiológica (democracia sustancial) por la violación masiva y continua de su gobierno a los principios del Estado de Derecho y a los derechos humanos. En la práctica se tratará de un gobernante autoritario electo por el pueblo (Fujimori, Chávez Frías). 

              [12] Huber, Heinz y Müller, Artur, Opus cit, pp 127-128.

[13] Luego del fracaso del putsch  en 1923 Hitler “Tuvo que darse cuenta claramente de dos cosas: una, que un Golpe de Estado no era posible sin y en contra del Ejército; y otra que la democracia sólo podría ser destruida con los medios de la democracia; que por consiguiente, él y su partido tendrían que comparecer legalmente en el Parlamento para conquistar el poder, el poder que necesitaba para, finalmente, abolir el Parlamento”. Vid, Huber, Heinz y Müller, Opus cit, p 67.  Apréciese la similitud de los hechos y la estrategia en el caso de Chávez Frías. Su fracaso en el intento de Golpe de Estado en 1992 que lo llevó a la convicción  de que sólo podía conquistar el poder por la vía democrática (1998), para luego utilizar los medios de la democracia para destruirla progresivamente a fin de instaurar un régimen autocrático y concentrar la titularidad real y el control de la totalidad de los poderes estatales en su persona (2000- ?).

22/09/2009 - Posted by | Análisis latinoamericano | , , , , , , , , ,

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